Cuento de la Pulguita

Hoy os comparto el primer cuento que escribí. Espero os sea útil.

La pulguita y el saltamontes

Había una vez, en un país muy muy diminuto…una pulguita que vivía muy feliz con su familia.

Lo que más le entusiasmaba hacer a la pulguita era saltar. Saltaba y saltaba todo el tiempo. En algunas ocasiones saltaba sola por el campo y en otras solía quedar con sus amigos para hacer saltos acrobáticos, y como no, de vez en cuando saltar de perro en perro.

Una tarde de domingo en el parque central de su ciudad, donde las pulgas de todos los pueblos de alrededor solían reunirse a ver a las mejores pulgas acróbatas de la comarca… nuestra pulguita decidió intentar un salto que nadie antes había hecho… se preparó, cogió aire y se dispuso a saltar, con tan mala suerte, que cuando cogía carrerilla, resbaló con una baba de perro y cayó al suelo rompiéndose una de sus patitas.

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El mundo se le vino encima a la pulguita. Miraba a su alrededor y veía como la multitud del parque central se reía de su tremenda caída, escuchaba sus burlas y se sentía herida. En ese instante la pulguita supo que se le había roto algo más que una pierna, e internamente decidió renunciar a su sueño y nunca más saltar.

Un par de años más tarde, mientras caminaba como cada día por el campo, vio algo que saltaba haciendo acrobacias entre los matorrales. No sabía bien qué era, pero le escuchaba cantar mientras saltaba y saltaba.

  • Quien eres? – Dijo la pulguita.
  • Soy saltamontes – Dijo sin dejar de saltar. – ¡Ven y saltemos juntos pulguita! – añadió.
  • Yo ya no salto – respondió la pulguita con voz apenada.
  • ¡¡¡Como!!! ¿Una pulga que no salta? Jajaja – rió el saltamontes – ¡Eso no es posible! – concluyó.
  • Te digo que yo soy una pulga, y no salto. – dijo, con no muy buenas pulgas, nuestra pulguita.

El saltamontes, al darse cuenta de lo que pasaba, preguntó – ¿Y que pasó para que decidieras no saltar pulguita?

  • Bueno… hace tiempo me caí delante de todas las pulgas de la comarca, y todas ellas se rieron de mi. – afirmó la pulguita.
  • Jajajaja – se rió el saltamontes – ¿y sólo por eso no saltas? – preguntó.

A la pulguita cada vez le hacía menos gracia la conversación, pero el saltamontes añadió:

  • Yo mismo me he caído muchas veces y no por eso voy a dejar de saltar… incluso me echaron de la academia de saltos y no me importó.
  • No te entiendo saltamontes, ya te han dejado claro que no sirves para saltar… ¿por qué seguir haciéndolo? – preguntó la pulguita.

[bctt tweet=»Haz lo que amas y serás feliz, el que hace lo que ama está condenado al éxito y, éste llegará naturalmente. #FacundoCabral #Esencia» username=»Saulperez82″]

  • Amiga pulguita, yo no salto para hacerlo mejor o peor, yo salto porque amo saltar… ¿acaso un pez dejaría de nadar porque se riesen de él, o un águila dejaría de volar por caer algunas veces al suelo? – preguntó saltamontes – Mi naturaleza es saltar, es lo que amo hacer y por eso salto pequeña amiga. – concluyó.

La pulguita agradeció al saltamontes por la conversación, y en silencio se fue dejándose sentir las palabras del saltamontes. Mientras, tímidamente empezaba a dar unos pequeños saltitos.

No se sabe si la pulguita se convirtió en la mejor pulguita acróbata de todos los tiempos o no, lo que sí es seguro es que la pulguita siguió saltando toda su vida, simplemente porque era lo que desde lo más profundo de su corazón amaba hacer.

FIN

Autor: Saúl Pérez

Dedicado especialmente a Andrés Pérez, que me sirvió de inspiración para este pequeño cuento.

Un abrazo! Gracias.

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8 comentarios

  1. Hola Saul, me gustaría saber de dónde eres. Yo vivo en Mendoza, Argentina. Y estoy interesada en capacitarse en bioneuroemocion. Qué me recomendarías????

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