Algunas recomendaciones para abordar partes disociativas en terapia

Algunas recomendaciones para abordar partes disociativas en terapia.

¿Te gustaría comprender qué es la disociación y aprender a manejar las partes disociativas cuando aparecen en terapia?

 

¿Cómo te desenvuelves cuando la persona no puede conectar con sus emociones o su cuerpo y toman el mando de la sesión sus partes disociadas? 

 

¿Y cuando notas que se ha desconectado repentinamente de esta emoción y no es consciente  e incluso te cambia de tema? ¿O cuando una persona casi no recuerda determinadas épocas de su vida? 

 

¿Sabes qué hacer cuando la persona tiene resistencias claras a hablar de determinados temas? ¿Cómo lo vives?

 

Si quieres responder estas preguntas, quédate hasta el final del artículo.

 

Este es el índice, para facilitarte su lectura:

 

Índice: 

  • Vamos  a comprender qué es la disociación y cómo se crean las partes disociativas
  • ¿Cómo podemos ver que se manifiestan las partes disociativas?
  • Algunas recomendaciones para abordar partes disociativas en terapia.

 Una clave muy importante es la información o psicoeducación.

 En el proceso terapéutico con disociación son esenciales la aceptación, el agradecimiento y la paciencia.

 Atención y reconocimiento del patrón de disociación y escucha somática.

 Dar estrategias para salir de ahí.

Ser uno mismo un experto en reconocer y acoger sus partes disociativas.

Vamos a comprender qué es la disociación y cómo se crean las partes disociativas

La disociación es la capacidad para desconectarnos cuando lo que estamos vivenciando es demasiado intenso para nuestra capacidad de manejarlo. 

 

Cuando no podemos estar tranquilos y contentos (rama parasimpática, vagal ventral del sistema de conexión), pero tampoco podemos escapar de la situación o enfrentarla (rama simpática que nos hiperactiva), solo nos queda desconectarnos.

 

La congelación, desconexión o disociación se ha dado en un determinado momento de nuestra vida en el que no había otra opción posible. 

 

Y como no había otra opción, esa era la mejor opción, la más adaptativa.

 

Pongamos un ejemplo: tus padres discuten cada noche. 

 

  1. Tú intentas primero llamar su atención a ver si te atienden a ti y dejan así de discutir o les pides directamente que no griten (intento de utilizar la conexión social, rama parasimpática vagal ventral), pero no funciona. 
  2. No puedes escaparte de casa porque eres muy pequeño y tampoco puedes enfrentarte porque tienes miedo (no puedes utilizar la activación del sistema simpático para afrontar la situación). 
  3. La única posibilidad es quedarte y seguir sufriendo indefinidamente y sosteniendo niveles elevadísimos de estrés que pondrían en riesgo tu salud física y/o tu integridad emocional, o congelarte, desapegarte de la situación, anestesiar tus sentidos y desconectarte de la realidad que ya no puedes tolerar más. 

Como señala Anabel González en su libro “Esa no soy yo”, hay eventos que nos sobrepasaron por su intensidad y nuestro organismo no los pudo asimilar, de tal forma que la persona en un intento por tratar de apartar dichos recuerdos desarrolló inconscientemente patrones de funcionamiento desadaptativos como la desconexión, bloqueos, distanciamiento, rechazo… 

 

Sin embargo, dado que esos recuerdos, pensamientos, emociones, sensaciones están archivados y almacenados de forma inestable, es posible que reaparezcan en la actualidad en forma de comportamientos desproporcionados y desajustados ante diversos disparadores cotidianos.

 

La disociación se aprendió en un momento en el que por supervivencia nuestro sistema, de forma inconsciente, decidió que era la mejor opción.

 

¡Y menos mal que lo hizo!

 

Por tanto la disociación es un mecanismo de nuestro sistema nervioso útil en determinadas situaciones, como cualquier otro. También es muy útil por ejemplo cuando estás esperando los resultados médicos de una prueba muy importante. En ese caso, desconectarte de eso y anestesiarte un poco te ayuda a esperar con menos estrés y ser más funcional durante la espera.

 

El problema por tanto no es el mecanismo de esa parte disociativa sino cuando se utiliza de forma inapropiada.

 

La capa de disociación (o la solidez e inflexibilidad de las partes disociativas de una persona) será mayor cuanto más haya tenido que entrenarla porque más trauma haya sufrido o más sensible haya sido al trauma.

 

Esta es la primera clave para acercarnos a las partes disociativas de la persona: agradecer que nos han permitido sobrevivir en un entorno quizás mucho más hostil y solitario de lo que nos han/hemos contado.

¿Qué es la disociación y cómo se crean las partes disociativas?

La disociación es la capacidad para desconectarnos cuando lo que estamos vivenciando es demasiado intenso para nuestra capacidad de manejarlo. 

 

Cuando no podemos estar tranquilos y contentos (rama parasimpática, vagal ventral del sistema de conexión), pero tampoco podemos escapar de la situación o enfrentarla (rama simpática que nos hiperactiva), solo nos queda desconectarnos.

 

La congelación, desconexión o disociación se ha dado en un determinado momento de nuestra vida en el que no había otra opción posible. 

 

Y como no había otra opción, esa era la mejor opción, la más adaptativa.

 

Pongamos un ejemplo: tus padres discuten cada noche. 

 

  1. Tú intentas primero llamar su atención a ver si te atienden a ti y dejan así de discutir o les pides directamente que no griten (intento de utilizar la conexión social, rama parasimpática vagal ventral), pero no funciona. 
  2. No puedes escaparte de casa porque eres muy pequeño y tampoco puedes enfrentarte porque tienes miedo (no puedes utilizar la activación del sistema simpático para afrontar la situación). 
  3. La única posibilidad es quedarte y seguir sufriendo indefinidamente y sosteniendo niveles elevadísimos de estrés que pondrían en riesgo tu salud física y/o tu integridad emocional, o congelarte, desapegarte de la situación, anestesiar tus sentidos y desconectarte de la realidad que ya no puedes tolerar más. 

Como señala Anabel González en su libro “Esa no soy yo”, hay eventos que nos sobrepasaron por su intensidad y nuestro organismo no los pudo asimilar, de tal forma que la persona en un intento por tratar de apartar dichos recuerdos desarrolló inconscientemente patrones de funcionamiento desadaptativos como la desconexión, bloqueos, distanciamiento, rechazo… 

 

Sin embargo, dado que esos recuerdos, pensamientos, emociones, sensaciones están archivados y almacenados de forma inestable, es posible que reaparezcan en la actualidad en forma de comportamientos desproporcionados y desajustados ante diversos disparadores cotidianos.

 

La disociación se aprendió en un momento en el que por supervivencia nuestro sistema, de forma inconsciente, decidió que era la mejor opción.

 

¡Y menos mal que lo hizo!

 

Por tanto la disociación es un mecanismo de nuestro sistema nervioso útil en determinadas situaciones, como cualquier otro. También es muy útil por ejemplo cuando estás esperando los resultados médicos de una prueba muy importante. En ese caso, desconectarte de eso y anestesiarte un poco te ayuda a esperar con menos estrés y ser más funcional durante la espera.

 

El problema por tanto no es el mecanismo de esa parte disociativa sino cuando se utiliza de forma inapropiada.

 

La capa de disociación (o la solidez e inflexibilidad de las partes disociativas de una persona) será mayor cuanto más haya tenido que entrenarla porque más trauma haya sufrido o más sensible haya sido al trauma.

 

Esta es la primera clave para acercarnos a las partes disociativas de la persona: agradecer que nos han permitido sobrevivir en un entorno quizás mucho más hostil y solitario de lo que nos han/hemos contado.

 

¿Cómo podemos ver que se manifiestan las partes disociativas?

Igual que el trauma forma parte de nuestra vida, la disociación también está presente en todos, aunque es muy diferentes grados, por supuesto.

 

Por ello todos tenemos partes disociativas que no son más que yoes que nos desconectan de lo que consideran peligroso con la finalidad de  protegernos.

 

Quién no ha tenido un mal día en el trabajo y se ha comido más patatas fritas de las que quería y creía haber comido. O quién no ha comprado alguna vez algo que ya tenía en casa sin recordar que ya lo había comprado. O quién no encuentra dónde acaba de dejar el móvil cuando acaba de hablar por teléfono hace un instante. Quién quizás no ha se ha pasado de salida del metro o de la carretera por estar absorto sin haber sido consciente de lo que ha ocurrido en ese lapso de tiempo. 

 

Estos son ejemplos leves de disociación.

 

En terapia, las partes disociativas más extremas pueden mostrarse de diferentes maneras:

 

Por ejemplo, cuando la persona narra una experiencia objetivamente muy dura entre risas o con ironía. Cuando no recuerda partes importantes de su vida o de unas vacaciones… O cuando invitas a la persona a sentir una emoción y empieza a bostezar sin descanso. También cuando presientes que un tema es importante para ella y hace lo posible por cambiarte de tema sin permitiros entrar a explorarlo. Y por supuesto cuando una persona ha quedado contigo y llega tarde sistemáticamente a pesar de no desearlo. 

 

Estas partes son disociativas porque la persona no las elige a voluntad, sino que entran en escena cuando ellas solas quieren.

 

Como dice Mario Salvador, todas las partes disociativas son estados del yo, pero no todos los estados del yo son partes disociativas.

 

Esto quiere decir que nos habitan partes de las que somos siempre conscientes aunque no siempre estén en el escenario y otras, las disociativas, de las que no somos plenamente conscientes ni están bajo nuestro mando.

Algunas recomendaciones para abordar partes disociativas en terapia

  • Una clave muy importante es la información o psicoeducación. 

Se trata de hablar a la persona de lo que la pasa, explicarle cómo se originaron estas partes disociativas, para qué sirvieron y a dónde la conducen hoy.

 

Podría explicarse con algo así (adaptado a quien tengas en frente):

 

“ Mira, este  mecanismo de disociación que tan beneficioso fue en su momento, en tu infancia, hoy perpetua el trauma porque no nos deja poder acceder a él. Esta capa protectora te ha permitido funcionar y llegar hasta hoy, pero si no conectamos con el dolor de todo lo que necesitaste de niño y no tuviste, no vamos a poder sanarlo. 

 

Las heridas físicas necesitan estar abiertas al medio para poder supurar y permitir ser sanadas.

 

De la misma forma, nuestros traumas (heridas de la psique) necesitan estar abiertos para poder llorarlos y liberarlos.

 

Estás en un lugar seguro en el que podemos quitar la venda protectora cuando estés preparado, dejar que estas partes disociativas se hagan a un lado cuando puedan y ver realmente qué es lo sintió ese niño. 

 

Algunas personas ya miraron para otro lado ante su sufrimiento o no fueron capaces de reconocerlo. 

 

Lo más doloroso no fue lo que pasó, sino que no hubo nadie que pudiera acompañarnos tras eso, la soledad.

 

Pero hoy estás acompañado. Ahora y aquí tú también puedes acompañarte y puedes ir conectando a tu ritmo con tu propia verdad vivida y sentida. Yo estoy contigo.”

 

  • En el proceso terapéutico con disociación son esenciales la aceptación, el agradecimiento y la paciencia. 

Otra clave importante es que el terapeuta realmente sea capaz de aceptar estas partes disociativas que muchas veces se perciben como resistencias a ahondar en la terapia o pérdidas de tiempo con conversaciones vacías o desconexión repentina de la emoción.

Es muy importante que revises cómo te sientes ante estas partes disociativas. Y por supuesto, que no tomes como algo personal las impuntualidades de la persona, el esquivar tus propuestas o la desconexión repentina.

 

Cuanto mayor capa de protección, mayor herida o mayor miedo e indefensión y menor percepción de ser capaz de hacerle frente. Trata de recordarlo y agradecer a estas partes su función protectora.

 

Ten en cuenta que es normal que el proceso sea más lento de lo esperado.  Hay que dar mucha seguridad a esas partes y hay que ganárselas para que nos dejen acceder al trauma. 

Estas partes disociativas necesitan sentirse comprendidas en un entorno seguro para poder relajarse y dejar de ejercer su férrea labor de mantenernos a salvo de un contenido demasiado intenso que pondría en riesgo nuestra estabilidad.  

 

Acéptalas y ten paciencia. 

 

Ofrece muchos descansos a la persona. Si a una persona le cuesta muchísimo sentir y lo ha hecho cinco minutos, ofrece un descanso tú felicitándole y hablando de algo trivial después para que tome aire antes de volverle a invitar a sentir.

 

Date cuenta de si tú tienes más impaciencia que la persona por sanar y te incomodan las sesiones poco “productivas”. Y trabájalo tú mismo con tu terapeuta.

 

Yo misma tuve que hacerlo en su momento porque me impacientaba (y molestaba) la “pérdida de tiempo” y me daba apuro también que aquella mujer me pagara por contarme sus problemas sin entrar a la emoción y sin dotarla de herramientas… En realidad, simplemente estábamos afianzando el vínculo para dar la suficiente seguridad a todas las partes de la persona y que pudieran expresarse. 

 

  • Atención y reconocimiento del patrón de disociación y escucha somática

La disociación es falta de atención, falta de conciencia, desconexión inconsciente. Por eso es importante enseñar a la persona a parar varios momentos al día a detectar si está presente o ausente en ese momento y cómo ha estado por ejemplo la última hora. Es decir, entrenar la atención.

 

También es interesante cuando percibamos en sesión la desconexión comunicarlo de forma amorosa y retroceder para tomar conciencia de qué ha pasado justo antes, en medio y después. 

 

Esto ayuda a tomar conciencia de los detonantes o disparadores de estas partes disociadas o congeladas.

 

Y a continuación es importante llevar la atención al cuerpo (que es donde únicamente podemos sentir) y apreciar cómo está la respiración y la percepción de las diferentes partes del cuerpo así como de las vísceras.

 

Es normal sentir entumecimiento, distanciamiento, pesadez, respiración superficial lenta y falta de sensaciones cuando estamos en este estado. Pero cada persona tiene un patrón diferente y es muy bueno reconocerlo.

 

Al principio esto puede ser difícil y es necesario ir poco a poco entrenando la atención sostenida y, sobre todo, la atención sostenida en el cuerpo y en las emociones.   

 

Familiarizarte con los disparadores de estas partes disociativas y conocer tu patrón fisiológico de respuesta corporal te va a dar la posibilidad de ir anticipando tu comportamiento. 

 

Y eso va a posibilitar con el tiempo que puedas dejar de reaccionar y comenzar a responder como tú elijas.

 

De esta manera podrás disociarte cuando sea bueno para ti y tu sistema. Y también podrás pedir a estas partes disociativas que se hagan a un lado cuando elijas que lo mejor para ti es permanecer conectado.

 

  • Dar estrategias para salir de ahí.

Una vez comprendida la parte disociativa y su función, identificado el detonante y reconocido en el cuerpo su manifestación, es importante dotar a la persona de algún recurso para salir de ahí.

El principal para mí es ir al cuerpo, aunque sea un poco. 

 

Te doy un par de opciones y te invito a probarlas en ti y en tus sesiones si eres terapeuta:

 

Puede ser sentir los pies en el suelo moviendo los dedos como para agarrarlo, y caminar después un rato sintiendo cada pisada.

 

 Puede ser darse golpeteos en el esternón y clavículas mientras uno se cuenta a si mismo lo que está pensando y sintiendo (como si lo estuviera retransmitiendo)

 

Ser uno mismo un experto en reconocer y acoger sus partes disociativas

 

Es esencial que tú mismo seas capaz de darte cuenta de cuando afloran partes disociativas y de que si hay partes que reaccionan a ellas.

 

Con respecto a este punto, únicamente voy a ofrecerte unas preguntas para que las respondas desde un estado sereno:

 

¿Estás familiarizado con sentir emociones en tu cuerpo? ¿Te permites espacios en tu día para sentir?

 

¿Sabes reconocer tú en ti mismo tu patrón disociativo? ¿Cómo te sientes cuando estás ahí? 

 

¿Qué te detona este patrón? 

 

¿Cómo te mueves o no te mueves o comes o hablas cuando estás disociado? 

 

¿Juzgas a tus partes disociativas? ¿Cómo lo haces?

 

¿Cómo reúnes energía para salir de ahí? ¿Qué cosas son las que más te funcionan?

 

Espero que este artículo te haya arrojado luz acerca de qué son las partes disociativas y cómo situarte frente a ellas.

 

Si quieres poder acceder mejor a estas partes y conocer tu mundo intrapsíquico para mejorar la relación más importante de tu vida, la que tienes contigo mismo, aprende el método Sanar el Sistema Interno (SSI) aquí:

https://desarrolloconsciente.com/sanar-el-sistema-interno-web/

 

Te comparto una entrada acerca de cómo muchas veces levantamos muros para no sufrir, elegimos inconscientemente vivir desconectados y al final nos olvidamos de vivir:

No se puede encontrar la paz evitando la vida

https://www.beatriztierno.com/encontrar-la-paz/

 

Puedes ver el trabajo de Beatriz tierno en su web: https://www.beatriztierno.com/

 

Y descargarte el video curso gratuito «Qué es el trauma y cómo resolverlo» aquí:

https://www.beatriztierno.com/videocurso-que-es-el-trauma/

 

Libros recomendados:

 

Más allá del yo. Mario Salvador

https://www.casadellibro.com/libro-mas-alla-del-yo-encontrar-nuestra-esencia-en-la-curacion-del-trauma/9788494608728/4845821

 

No soy yo. Anabel Gonzalez

https://www.amazon.es/No-soy-Entendiendo-disociaci%C3%B3n-pacientes/dp/846975968X

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